San Agustín,
Pintado por Philippe de Champaigne (1602-1674)
Pintado alrededor de 1645,
Óleo sobre lienzo
© Museo de Arte del Condado de Los Ángeles

San Agustín,
Pintado por Philippe de Champaigne (1602-1674)
Pintado alrededor de 1645,
Óleo sobre lienzo
© Museo de Arte del Condado de Los Ángeles

Evangelio del 30 de abril de 2021

No dejéis que vuestro corazón se turbe

Juan 14:1-6

Jesús dijo a sus discípulos:

'No dejéis que vuestro corazón se turbe.

Confía en Dios todavía, y confía en mí.

Hay muchas habitaciones en la casa de mi Padre;

si no lo hubiera, debería habérselo dicho.

Ahora voy a prepararos un lugar, y después de ir y prepararos un lugar, volveré para llevaros conmigo, para que donde yo esté vosotros también estéis.

Tú conoces el camino hacia el lugar al que voy'. Tomás dijo: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por mí".

Reflexión sobre la pintura

'No dejéis que vuestro corazón se turbe". son las palabras de nuestra lectura de hoy. Jesús conoce nuestros corazones y comprende lo inquieto que está nuestro corazón. Desde que somos jóvenes hasta el día de nuestra muerte, estamos inquietos. Cuando somos jóvenes, estamos inquietos porque tenemos que decidir qué estudiar, cómo construir una carrera, formar una familia, etc. .... Cuando somos mayores, podemos estar inquietos porque desearíamos haber hecho las cosas de otra manera. La inquietud está presente en todas las etapas de la vida. Por eso las palabras de San Agustín (representado en nuestro cuadro), 'nuestros corazones están inquietos hasta que descansan en Ti', todavía nos resuenan mucho. 

Nada en este mundo puede satisfacernos plenamente y darnos descanso. Por muy bonitas que sean las cosas, por muy maravillosas que sean nuestras familias, por muy buenos que sean nuestros amigos, por muy bien que estemos... nada puede darnos un descanso completo. Sólo habitando en Cristo y Él habitando en nosotros podemos encontrar la paz. Vemos a Cristo representado en nuestro cuadro de Philippe de Champaigne, sobre las vestiduras de San Agustín. San Agustín sostiene un corazón ardiente en su mano izquierda. Podría ser el Sagrado Corazón de Jesús o incluso el propio corazón de san Agustín ardiendo en llamas. Las llamas del corazón ardiente se dirigen hacia la cabeza de San Agustín, como si lo que ocurre en ese corazón impactara directamente en su cerebro y su mente, desvelando los misterios del conocimiento y la sabiduría. 

Tal vez si vemos nuestra inquietud como un precioso indicador de que necesitamos buscar una mayor cercanía a Cristo, entonces podemos abrazar esa inquietud y dejar que sea el motor de nuestro crecimiento en la fe. 

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