San Sebastián,
Pintado por Gerrit van Honthorst (1592-1656),
Pintado hacia 1623
Óleo sobre lienzo
© National Gallery, Londres

 

San Sebastián,
Pintado por Gerrit van Honthorst (1592-1656),
Pintado hacia 1623
Óleo sobre lienzo
© National Gallery, Londres

 

Gospel of 20 enero 2022

Fiesta de San Sebastián

Marcos 3:7-12

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y le siguieron grandes multitudes de Galilea. De Judea, de Jerusalén, de Idumea, de Transjordania y de la región de Tiro y Sidón, acudió un gran número de personas que habían oído hablar de todo lo que hacía. Y pidió a sus discípulos que le tuvieran preparada una barca a causa de la multitud, para evitar que fuera aplastado. Porque había curado a tantos que todos los que estaban afligidos de alguna manera se agolpaban para tocarlo. Y los espíritus inmundos, cada vez que lo veían, se postraban ante él y gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero él les advertía encarecidamente que no lo dieran a conocer.

Reflexión sobre la pintura

Hoy celebramos la fiesta de San Sebastián (256-288 d.C.). En nuestro cuadro de Gerrit van Honthorst (1592-1656), vemos a un San Sebastián casi sin vida atravesado por cuatro flechas. La flecha que atraviesa su pierna parece entrar en nuestro espacio con la sangre que gotea de la punta. Sebastián era un centurión romano que se convirtió al cristianismo. Cuando las autoridades se enteraron de su conversión, el emperador romano Diocleciano ordenó a los compañeros de Sebastián que lo ataran a un poste y lo mataran con flechas. Milagrosamente, las flechas no lo mataron. La viuda de Cástulo, Irene de Roma, fue a recoger su cuerpo para enterrarlo, pero descubrió que aún estaba vivo. Lo llevó a su casa y lo curó. 

San Sebastián se enfrentó más tarde al propio emperador Diocleciano y le arengó sobre sus crueldades contra los cristianos. Esta libertad de expresión de una persona que se suponía muerta, asombró mucho al emperador. Diocleciano ordenó entonces que Sebastián fuera apresado y golpeado hasta la muerte, y que su cuerpo fuera arrojado a las cloacas de Roma. Una piadosa dama, llamada Lucina, amonestada por el mártir en una visión, recogió entonces el cuerpo en privado y lo enterró en las catacumbas a la entrada del cementerio de Calixto, donde ahora se encuentra la Basílica de San Sebastián, en la que también se encuentra el busto de Cristo Salvator Mundi de Bernini. 

Nuestra lectura del Evangelio de hoy muestra la gran reputación de Jesús en toda la región. Su magnetismo atrajo a mucha gente, no sólo allí y entonces, sino también a través de los tiempos. Es este mismo magnetismo de Cristo el que inspiró a San Sebastián a dar su vida por Él.

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