Jesús curando a un ciego,
Parte de la Catedral de Nuestra Señora de Chartres,
construido entre 1194 y 1220,
Piedra caliza esculpida
© Catedral de Chartres, París

Jesús curando a un ciego,
Parte de la Catedral de Nuestra Señora de Chartres,
construido entre 1194 y 1220,
Piedra caliza esculpida
© Catedral de Chartres, París

Evangelio del 6 de diciembre de 2019

Jesús curó a dos ciegos

Mateo 9:27-31

Mientras Jesús seguía su camino dos ciegos le siguieron gritando: "Apiádate de nosotros, Hijo de David". Cuando Jesús llegó a la casa, los ciegos subieron con él y les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo? Ellos respondieron: "Señor, lo creemos". Entonces les tocó los ojos diciendo: 'Vuestra fe lo merece, que se haga esto por vosotros'. Y su vista regresó. Entonces Jesús les advirtió con severidad: "Tengan cuidado de que nadie se entere de esto". Pero cuando se fueron, hablaron de él por toda la campiña.

Reflexión sobre la escultura de la Catedral

Este relieve de piedra caliza se encuentra dentro de los muros altamente esculpidos de la catedral de Chartres, que se construyó principalmente entre 1194 y 1220... ¡hace unos 800 años! Muestra a Jesús curando a un ciego mientras dos de sus discípulos lo observan. En cierto modo, todos nosotros somos ciegos y no podemos ver lo que tenemos delante. Aunque tengamos la vista física, no siempre tenemos la vista espiritual para ver cómo las cosas realmente están frente a nuestros propios ojos.

Hay momentos en nuestras vidas en los que todos nos sentimos espiritualmente ciegos, como si no conectáramos realmente con el dolor que hay ahí fuera, con las necesidades de los sin techo, con los refugiados... podemos estar endurecidos, y hacer la vista gorda ante situaciones en las que realmente no queremos involucrarnos. Al igual que el ciego de hoy, tenemos necesidad de sanación. Y Jesús nos dice hoy que todo lo que tenemos que hacer es pedirle ayuda. Sin embargo, a menudo nos falta la fe para creer que Jesús puede hacer algo por nosotros. Sí, creemos en Jesús, pero no siempre creemos realmente que Él vino a sanarnos de nuestra propia ceguera. El sarcasmo en nuestra fe puede instalarse. ¿Qué puede hacer Él realmente por mí? Si Jesús es real, ¿por qué hay tanto sufrimiento a mi alrededor? etc... Son preguntas justas, pero significa que, al igual que el ciego, necesitamos que se nos abran los ojos para que realmente véase que a través de la oración y la fe, podemos ser despertados espiritualmente y ayudados a asumir la responsabilidad de atender las necesidades que nos rodean.

Nosotros también deberíamos encontrarnos a los pies de Cristo para recibir su toque sanador... porque cuando somos débiles y conocemos nuestros límites, Él es fuerte y renovará nuestra fe para volver a entregarnos plenamente a Él...

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